Desde hace unos meses, en mi familia hemos adquirido
la costumbre de invitar a alguien a merendar una vez a la semana. Así tengo la
excusa perfecta para ir probando nuevas recetas de cosas dulces y así también
poderlas compartir (compartir las
tartas y compartir el aumento de glucosa, así queda todo mejor repartido)
pasando un rato agradable en compañía. Y llevaba tiempo queriendo hacer un
bizcocho de calabaza, así que después de recorrerme tropescientos blogs al
final me lancé con ésta receta, adaptada de aquí y allá.
Ingredientes
Bizcocho
240ml de aceite de oliva suave.
3 huevos L.
200g de azúcar moreno.
100g de azúcar blanquilla.
400g de harina de fuerza.
400g de puré de calabaza.
200ml de buttermilk.
2 cucharaditas de jengibre en polvo.
4 cucharaditas de canela.
1 cucharadita de nuez moscada.
½ cucharadita de clavo molido.
½ sobre de levadura química.
Cobertura
113g de queso de untar (tipo philadelphia).
110g de azúcar glass.
Preparación
Bizcocho
Separamos las yemas de las claras. Batimos las yemas
con los dos azúcares hasta que esté todo bien mezclado.
Añadimos el aceite y continuamos batiendo hasta que
esté todo bien integrado.
A continuación añadimos el puré de calabaza templado
y seguimos batiendo. Para los 400g de puré que necesita la receta, yo compré un
trozo de calabaza de aproximadamente 750g, lo envolví en papel de plata y lo
metí en el horno durante 1 horita (esto es aproximado, porque debería haber
cortado la calabaza en trozos más pequeños y se hubiera hecho antes) a máxima
temperatura. Cuando la pinché y vi que estaba blandita, la saqué, la machaqué
con un tenedor y la colé para que soltara el exceso de agua.
Tamizamos en un cuenco los ingredientes secos
(harina, especias y levadura). Los incorporamos a la mezcla en tres veces, intercalando
con el buttermilk. Para obtener el buttermilk, medimos 200ml de leche
semi-desnatada y le agregamos un par de cucharadas de zumo de limón. Esperamos
unos diez minutos, y veremos cómo adquiere una textura cortada como de yogur.
Ya tenemos listo nuestro buttermilk.
Batimos las claras que teníamos reservadas a punto
de nieve y las incorporamos suavemente a la mezcla, integrándolas suavemente
con una lengua de silicona.
Precalentar el horno a 180ºC con ventilador. Engrasar
un molde desmontable (el molde que he utilizado yo es de 25 cm de diámetro) con
mantequilla ó aceite, y verter la masa en él. Hornear durante 30 minutos
aproximadamente (esto depende del horno de cada uno, así que es mejor el truco
del palillo: lo introducimos en el centro del bizcocho, y si lo sacamos sin
restos de masa cruda, es que ya está hecho). Mientras se hornea ya veréis como
empezáis a notar que hace un olorcito más rico… pero tenéis que ser fuertes y esperar
a que al sacarlo se enfríe ¡eh! Nada de desmoldarlo en caliente, que es un
bizcocho muy tierno y podría romperse. Y ya no hablemos de comerlo, ¡a ver si
nos vamos a quedar sin papilas gustativas!.
Cobertura
Una vez que el bizcocho se ha enfriado y lo hemos
desmoldado y nos hemos comido las miguitas que ha soltado al desmoldarlo,
hacemos la cobertura.
Para ello, tamizamos el azúcar glass y lo mezclamos
con el queso crema. Veréis que queda una textura muy muy cremosa. Cubrimos el
bizcocho por la parte de arriba con la cobertura y lo dejamos unas horitas en
la nevera. Veréis que la cobertura adquiere otra textura más glaseada.
Las cantidades de cobertura que he usado no son muy
grandes, porque a mi juicio, si ponemos demasiada cantidad de cobertura a este
bizcocho, tapamos mucho su sabor y podría llegar a resultar un poco empalagoso
en cuanto a dulce se refiere. Pero si se quiere, respetando las proporciones,
se puede hacer más cantidad, esto depende únicamente de vuestros gustos.
Este bizcocho de calabaza especiada lo hice cuando
vinieron una pareja que son amigos de mis padres, así que en total éramos 6
comensales (en verdad tienen un hijo pequeño, pero no le gusta mucho el dulce y
no comió del bizcocho, sólo lo probó un poquito). Y yo pensaba… no sé, con
semejante bizcocho que me ha salido, igual va a sobrar… ¡¡Inocente de mí!!
Repetimos gustosamente todos, ¡y eso que lo corté en 16 trozos!. Vamos, que
voló el bizcocho. ¿Por qué? Porque es sumamente jugoso y al estar hecho con
aceite en vez de mantequilla, resulta muy liviano. A su vez, tampoco es muy muy
dulce por lo que no es para nada empalagoso.
Como la cremita de queso de untar y azúcar glass es
muy dulzona, combinaba de maravilla y hacía que quedara un conjunto equilibrado
en cuanto a puntos de dulzor.
¡Espero que la disfrutéis
tanto como la disfrutamos mi familia y los invitados! (O sea, muchomuchísimo)

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