Bueno, por fin subo otra recetita… no es que no
tuviera ganas o tiempo, simplemente que esta semana pasada no hice postres en
casa y aunque he hecho mil y un postres, o no son con receta original, o no
tengo fotos decentes T_T (eso quiere decir que habrán de repetirse aunque solo
sea para echarles una foto, que es exactamente lo que he hecho con esta
tarta).
Por eso, este finde teníamos invitados a comer y
decidí hacer un banoffee, ya que sabía que era una de las tartas favoritas de
la familia invitada y además quería mejorar esta receta (la había hecho una vez
y no me había convencido el resultado, luego os cuento el porqué). Y… ¡ésta vez
sí que me convenció! Me convenció tanto que me tomé un trozo y medio… así que
imaginaros el poder de convicción tan fuerte que tenía la tartita… :P
Ingredientes
Base
Un rulo de galletas tipo digestive (400 g).
175 g de mantequilla.
Tarta
5 plátanos.
Almendras tostadas y nueces al gusto.
Dulce de leche.
400 ml nata montar.
3 cucharadas soperas azúcar blanquilla.
Decoración
70g Chocolate de fundir.
Preparación
Base
Trituramos las galletas con un robot de cocina (o
las envolvéis en un paño y le pasáis una botella de vidrio por encima).
Derretimos la mantequilla, con cuidado, en el
microondas.
Mezclamos la mantequilla derretida con las galletas
trituradas hasta que se forme una pasta. La ponemos en un molde desmontable (en
mi caso he empleado uno circular de 25 cm) y con las manos o con una espátula
la apretamos bien de forma que quede uniforme.
Metemos la base en la nevera para que la mantequilla
se endurezca y asiente bien.
Tarta
Trituramos las almendras y las nueces en trozos,
pero que no sean muy pequeñitos tampoco. La gracia es encontrárselos en la
tarta y notarlos cuando la comemos, así que no hay que picarlos en exceso
porque si no, no los notaremos, y si son demasiado grandes quedará un poco
basto, pero esto ya va un poco al gusto de cada uno.
Cortamos los plátanos en rodajas no demasiado
gruesas, y repartimos la mitad en el molde, formando una capa encima de la base
de galleta. Esparcimos los trocitos de almendras y nueces por encima de los
plátanos.
Colocamos el resto de rodajas de plátano encima de
los frutos secos formando otra capa.
Ahora, encima de esta segunda capa de plátano,
ponemos dulce de leche al gusto. Yo recomiendo no poner demasiado, porque si no
el resultado es demasiado empalagoso… pero a quién le superencante lo
superdulce, ¡que no se corte y eche todo lo que quiera! Yo le echo unas cuatro/cinco
cucharadas colmadas de Chimbote, lo que pasa es que esta vez me quedaba poco
Chimbote y lo mezclé con un dulce de leche riquísimo que hice casero (tengo que
perfeccionar la receta, porque lo hice un poco a ojo las cantidades y eso… en
cuanto lo vuelva a hacer, la subiré :D). Mi dulce de leche casero era más
líquido y por eso se ve ahí desparramado todo feo y parece que hay más cantidad,
pero bueno… ¡qué se le va a hacer!
Para acabar, va la capa de nata montada, que ha de
quedar lo más firme posible. Y esto no tiene misterio alguno: la nata tiene que
estar bien fría, el recipiente en el que la vamos a montar bien frío también,
le damos con las varillas eléctricas y cuando se esté a punto de montar le
agregamos tres cucharadas soperas de azúcar. Lo del azúcar es un poco al gusto
(como todo en esta vida). A mí no me gusta echarle mucho porque considero que
el punto de dulzor de los plátanos y en especial el del dulce de leche ya hacen
que el conjunto de la tarta en general quede dulce de por si… Si le habéis
echado mucho dulce de leche, echadle menos azúcar a la nata (incluso hay
personas que le ponen la nata sin azúcar), y si no os empalaga que sea tan
dulce, pues endulzadla todo lo que queráis.
Una vez montada y endulzada (o no) la nata, la
ponemos encima de la capa de dulce de leche y con cuidado para que no se
desmonte, la extendemos con una espátula procurando que quede una capa de
grosor uniforme y la metemos en la nevera para que asiente bien y no se
caliente la nata.
Decoración
Ya sólo queda la parte bonita: la
decoración con virutas enormes de chocolate, que quedan preciosas. Para ello
derretimos con cuidado el chocolate en el microondas y lo vertemos en un plato
o bandeja que sea grande y lo más plano posible. Con una espátula lo extendemos
a lo largo de esta superficie de forma que quede una capa fina. Metemos el
plato o bandeja a la nevera durante unos minutos, hasta que el chocolate se
haya enfriado un poco (el tiempo variará en función de la temperatura de la
nevera y el grosor de la capa de chocolate). Luego, con cuidado, con el mango
de una cucharita, o cualquier utensilio plano y duro, apretamos sobre el
chocolate y lo deslizamos por la superficie, de modo que el chocolate que no
está del todo duro se irá enrollando sobre sí mismo formando espirales.
Contado así es un poco lioso, además si el chocolate
está muy tibio no se forman las espirales, y si está demasiado frío se rompe.
Pero es ir probando. De todas maneras podéis ver aquí un vídeo de cómo se
hacen.
Una vez que tenemos las virutas, las repartimos por
encima de la nata con un poco de gracia y ¡¡tarta acabada!!
Lo ideal es que una vez montada la tarta, la dejemos
reposar unas horitas en la nevera porque fresquita está más buena. Y acompañada
de una bolita de helado, de stracciatella o de almendra (o de los dos)
queda fetén.
A los invitados les gustó mucho y a mi familia
también. Es una tarta ideal para tomar de postre. Y ahí reside el error que
cometí la primera vez que la hice… porque la serví en una de las chupimeriendas
estas que hacemos en mi casa, en las que invitamos a gente a tomar una infusión
calentita. Y la verdad es que esta tarta no pega nada para tomar acompañando
una bebida caliente tipo infusión. Todo lo contrario, hace que resulte difícil
de comer, los sabores no contrastan, resulta muy empalagosa y pesada… Además había
hecho también unos roscos de vino, que pegaban de fábula con la infusión y aún
resaltaba más que el banoffee no pegaba.
Aparte que le puse bastante menos plátano, y casi no
se notaba el sabor. Y no le puse frutos secos, que hacen que por lo menos le dé
un toque crujiente a la tarta, por lo que resultó muy blanda y empalagosa… como
una plasta dulzona encima de una base de galleta. Así que hacedme casito:
banoffee de postre, fresquito y con helado, bien. Banoffee acompañando una
infusión calentita, mal.
Y después de este rollo que os acabo de meter, espero
que no se os hayan quitado las ganas de intentar hacer la tarta… Es que mira
que soy pesada Yo os animo a que lo intentéis, es facilita de hacer. Y si
como a mí, no sale bien a la primera, ¡pues a la segunda! Y os chuparéis los
dedos… os lo aseguro.

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